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En esta canalización los guías nos hablan de cómo podemos vivir encarnados en equilibrio entre nuestra parte espiritual y nuestra parte humana, para ello nos hablan de la FE como herramienta para el camino del amor (mientras que la DUDA nos lleva a andar el camino del miedo)…

Se habla del equilibrio entre la vida material y la conexión espiritual, y de cómo ese equilibrio no es “estar en calma porque no pasa nada”, sino aprender a sostenernos dentro del cambio.

El sentido de la experiencia en la Tierra: alquimizar lo vivido en consciencia, sabiduría interna y amor.

1) No hay separación: somos parte de un todo

Se describe la realidad como un “todo indivisible”, una especie de trama en la que todo está conectado. Bajo esta mirada, no existe una división real entre “vosotros y Dios”, ni entre “vosotros y nosotros” (aquellos a quienes a veces se considera intermediarios). La invitación es a vivir desde ese prisma: pertenecer al todo.

Y a la vez, se hace una aclaración importante: vivir así no significa desconectarse de la Tierra.

2) El error del “todo o nada”: espíritu o materia

En la canalización aparece una idea recurrente: muchas personas viven como si solo hubiera dos opciones:

  • o estás en lo espiritual

  • o estás en lo material

Pero se insiste en que no es así como funcionan las cosas. Lo que se necesita es un equilibrio entre estar en la materia y mantener la conexión con el espíritu. Sin ese equilibrio, “todo es caos”.

Y aquí llega uno de los puntos centrales: ese equilibrio no es una medida fija ni un estado permanente.

3) Equilibrio no es estar estático: es sostenerte dentro del cambio

La canalización explica que la vida en la Tierra está hecha de ciclos: pequeñas tareas diarias que empiezan, se desarrollan y terminan; ciclos vitales grandes; incluso ciclos mensuales como el de la mujer. En un mundo cíclico, cambiante, donde nada es permanente, el equilibrio humano se vuelve difícil de comprender porque solemos asociarlo a “que no pase nada”.

Pero aquí se propone otra imagen:

  • el equilibrio como el de una barca que oscila

  • o como una tabla de surf donde haces equilibrio dentro del movimiento

La idea es directa: es posible el equilibrio dentro de lo que parece desequilibrio, porque el cambio no es el problema; el problema es creer que equilibrio significa ausencia de cambio.

4) El punto de partida: saberse amor

El mensaje plantea que el equilibrio empieza por algo que puede sonar abstracto, pero que se presenta como esencial: saberse amor.

Esto se traduce en una práctica interna: ver amor en cada situación.
No solo en lo que entendemos como “éxito” o “celebrable”, sino también en lo que llamamos “problema”. Se incluye, incluso, la fase del “morir” entendida como cerrar ciclos, dejar ir etapas, completar procesos.

La canalización recalca que ver amor no significa negar el desafío, sino habitar cada fase del ciclo con consciencia.

5) La clave para sostener el equilibrio: mantener la fe intacta

Se dice que, para sostener este equilibrio, es prioritario mantener la fe intacta.

Se explica que “fe” puede significar cosas diferentes según cada persona:

  • Dios y ángeles

  • el universo y sus leyes

  • una idea de lo que nos trasciende

No se exige una definición perfecta (se menciona incluso que desde el prisma humano ninguna interpretación sería exacta). Lo importante es reconocer que existe algo que “trasciende” lo material y que guía la experiencia en lo material.

Y aquí aparece un matiz relevante: conectar con lo divino no está para deshonrar la vida en la Tierra, sino para caminarla con más claridad, evitando caer en bucles repetitivos.

6) Más luz no es “saberlo todo”: es tener iluminación suficiente para jugar el partido

Se usa una metáfora muy visual: jugar un partido en un campo casi a oscuras (con una farola) versus jugar con un estadio bien iluminado. El partido se sigue jugando, puedes errar igual, pero no por falta de luz.

Así se define la consciencia: aumentar la iluminación, no para tener “conocimiento infinito”, sino para tener conocimiento suficiente y caminar con más precisión.

También se advierte algo importante: a veces se busca “saber” tanto que uno se sale de la realidad. Se plantea como paradoja:

  • estar integrado en la realidad con cierta inconsciencia

  • puede ser más verdadero que “salirse” de la realidad por una búsqueda de iluminación que termina siendo evasión

7) Dos formas de evasión: rechazar lo espiritual o usar una falsa espiritualidad

En la canalización se señala que hay quien rechaza lo espiritual por considerar inaceptable el sufrimiento de la vida en la Tierra (“si existiera Dios, tendría que ayudar”). Y por otro lado, hay quien se desconecta de la Tierra usando una espiritualidad que funciona como evasión.

Se dice que no necesariamente es falso lo que esas personas sienten, sino que puede estar teñido de rechazo a encarnar, igual que quien se evade con alcohol o drogas para no sentir.

Y se remarca: ninguna de esas posturas encarna con presencia, amor y aceptación la experiencia material.

8) Transmutar en lugar de anclarse: el “iglu” del sufrimiento

Otro núcleo del mensaje: el alma evoluciona a través de la experiencia, incluyendo el sufrimiento. No se glorifica el dolor, pero se indica que:

  • cuando hay rechazo a lo vivido

  • en lugar de aceptación e integración
    aparece un sufrimiento repetitivo que se perpetúa y genera más sufrimiento.

Se utiliza la imagen del iglu: un encierro de pensamientos-forma que encapsula, impide avanzar y afecta también al entorno. Y otra imagen: un lago al que se le echa constantemente “suciedad” sin purificar; con el tiempo, predomina esa información.

La invitación es a ser conscientes de “lo que echamos al lago”: qué pensamientos alimentamos, qué patrones repetimos, qué energía sostenemos.

9) Encarnar es vivir: honrar los sentidos, lo pequeño y al otro

Hacia el final, el mensaje se vuelve muy concreto: se dice que a veces nos obsesionamos con entender el “cómo funciona” (teorías, estructuras, explicaciones) y se olvida lo esencial: estáis aquí para vivir.

Se pregunta:

  • ¿Qué tanto honráis vuestros cinco sentidos?

  • ¿Qué tanto estáis presentes?

  • ¿Qué tanto miráis al otro con amor?

  • ¿Podéis deleitaros en lo pequeño —un pájaro, una mariposa, incluso una hormiga—?

Se plantea que si no se reconoce lo divino en lo pequeño y en el otro, es difícil reconocerse a uno mismo como parte de lo divino.

10) La herramienta que dejan sobre la mesa: fe (y su opuesto, la duda)

La canalización propone un binomio claro:

  • fe: va de la mano del amor

  • duda: va de la mano del miedo

Se define la fe como una herramienta: no se “demuestra” antes de usarla; se decide, se practica, y después se ve su efecto.

Se menciona incluso el ejemplo del “escalón” que aparece cuando das el paso (una referencia tipo Indiana Jones): la fe es caminar aunque parezca que no hay suelo.

Y se afirma que negar lo divino no es solo una idea abstracta: también es negar el amor al otro, negar el reconocimiento de lo divino en lo cotidiano, negar ese “poder” interno.

11) Autenticidad: quitar capas del personaje y decirse la verdad

Otro pilar muy repetido es la autenticidad. Se insiste en que:

  • no es diseñar un personaje estático (“soy así”)

  • sino fluir con lo que uno va siendo, sintiendo y desarrollando

Se usa la metáfora del manzano: el manzano da manzanas; si intenta ser nogal por rechazo de lo que es, se malogra. Del mismo modo, las creencias que juzgan lo que uno es, le hacen negar esa perfección.

Se propone un gesto interno: entrar en uno mismo y decirse la verdad.
Aparece la idea de “lo primero que te viene” como verdad reprimida: un anhelo del alma que fue bloqueado por encajar, por moldes, por historias repetidas.

Y se aclara un matiz importante: no se está defendiendo impulsividad, sino verdad interna. Discernir requiere honestidad.

12) No hay caminos correctos o incorrectos: hay decisiones en fe o en duda

La canalización remata con una frase estructural:

  • no hay tanto decisiones “correctas” o “incorrectas”

  • hay decisiones tomadas desde fe (amor) o desde duda (miedo)

Se dice que no importa tanto “qué camino eliges”, sino cómo lo andas: con qué actitud, con qué luz.
Incluso se compara con una mano de cartas: puedes tener malas cartas y jugar bien, o buenas cartas y jugar mal.

La invitación final es caminar con el “farolillo encendido”: ir donde vayas expandiendo luz, sin miedo a lo hostil, recordando el poder interior y buscando también espacios nobles que recarguen (naturaleza, mar, monte), no como escapatoria, sino como sintonía.